Sin encender la luz de la pequeña habitación buscaba en los cajones de la cómoda, conociendo su contenido sin necesidad de verlo. Mientras, iba hablando… con una extraña intensidad en su voz. De vez en cuando me miraba con la mirada hundida. Con una expresión serenamente triste.

- Tal vez es la naturaleza de cada uno, pero hay pensamientos para cada edad… cuando eres niño de niño, de joven, pues joven… y de mayor sólo puedes pensar en… puede que sea la naturaleza de cada uno, eso no lo puedes cambiar. Me gusta cuando llega la noche. Descanso y no estoy “ay”, “uy”, no me quejo. Me estiro y a veces, hasta las 6 no me despierto. Todo de un tirón.

Avanzó lentamente por el pasillo, sujetándose en los marcos de las puertas hasta alcanzar la cocina. Cambió su chaqueta de las visitas por una más usada y un delantal para cocinar. Lentamente, y como si de un ritual se tratase, preparó los platos y la sartén. Saco el pescado, la harina y el huevo que batió sobre el fregadero. Mientras rebozaba el pescado pregunté:

- Abuela ¿Y recuerdas algún día que fuese especialmente feliz?

- … de niña… de joven… en las fiestas del pueblo. Bailabas con uno, con otro… no me gustaba cuando bailabas con alguno que no te hacía gracia… pero cuando te gustaba con el que bailabas…mmmm... Cuando bailabas con alguno que no... no eso no me gustaba.- calentó el aceite en la sartén y comenzó a poner las piezas de pescado una a una, sin prisa.- En la vida sufrí mucho. En la casa de la plaza nació la primera hija,... muerta,… nació doblada sobre si misma. Fue muy triste. La primera en la que tienes toda la alegría puesta. Me llenó de pena. Y en un pueblo extraño,…, sin mi madre, sin nadie.- vigiló el pescado moviéndolo con una paleta de plástico. Los movimientos eran mecánicos, aprendidos tras la infinita repetición de esa misma tarea cada noche- Cuando subía a la iglesia y desde arriba miraba a lo lejos mi pueblo y veía las tierras donde yo había trabajado, pensaba “mi pueblo, mi pueblo” y lloraba. Cuando éramos jóvenes nos tocó trabajar mucho. Menos mal que mi padre tenía rebaños. Desde los 26 a los 30 trabajamos las tierras del padre de tu abuelo… de balde – dijo tocándose la cara con la palma abierta- hasta que murió. Entonces se repartieron todas sus tierras… y aunque habíamos trabajado las tierras del padre pues no se tuvo en cuenta,... entre tantos hermanos, no nos dejaban nada… lo íbamos a pasar mal. La maestra... gracias a que me confesé a ella. Nos buscó lo de San Cosme. Y luego yo encontré lo del hotel cuando tu abuelo ya no podía más de trabajar para el cura. – guardó silencio unos segundos, mientras fue sacando las piezas de pescado de la sartén. Se giró y me miró esbozando una sonrisa - El día más feliz de mi vida me preguntabas. Pues el día que recibí mi primera paga. Salí del hotel y lo gasté en comprar cosas para mis hijos. – dijo mientras retiraba la sartén del fuego.

8 comentarios:

Muy bien narrado esto, Huido. Sobre todo la parte del diálogo. Me ha sonado muy real y eso es algo que me encanta cuando leo, ya sabes, la autenticidad conversacional. Eso sólo se lo he leído a García Márquez, Ferlosio y Baroja, que digas tú "joer, parece que lo estoy oyendo". Ma gustao mucho y ma sabido a poco.

Bello y amargo... muy chulo, aunque yo lo hubiera titulado "El día más feliz de mi vida".

Hay, es un relato un tanto triste, me hiciste sentir que era yo, quien escuchaba esas vivencias de la abuela...muy buena.

Ah, pero qué bonito cuento. ¡Bravo!

Muchísimas gracias por estos comentarios. Me alegro que os sintáis identificados en el texto.

Todo el texto habla de hechos reales que le sucedieron a mi abuela. Espero que estas navidades pueda grabar alguna historia más y poder escribir otro relato con ella.

Ciertamente hubiese estado mejor llamarle "El día más feliz de mi vida"...

Gracias también a los nuevos visitantes. Tanto a los que escriben como a los que se mantienen a la sombra :)

Muy bonito y muy real; así que son autenticas historias y vivencias de tu abuela.

Lo del reparto de tierras...en la familia de mi abuela pasó algo parecido; sus padres creo que fueron once hermanos, así que imagina la herencia, más pobre que la de un perro.

Saludos Huidobro

Castellano viejo dijo... 24 de diciembre de 2008, 21:34  

Me ha transportado a la niñez, es un relato verídico o es fantástico. Como ya sabemos casi siempre la realidad supera la ficción, transmite tambien un cariño especial por parte del narrador. Me encantaria que siguieran esos temas, y algunos otros que seguro tiene en el tintero.Espero los siguientes

Tierno, cercano, un atisbo de las infinitas experiencias que llevan a sus espaldas nuestros mayores, tan sabias, tan llenas de vida y a la vez tan poco valoradas por la sociedad actual. Un abrazo a tu abuela. ASD.