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Mucho tiempo ha pasado desde que Dani me envío su relato. Mira que tiene delito, y es que Dani es un autor publicado. Encima en un alarde de valentía ha decidido dedicarse a ello. Y es que el escritor de “Fiesta de fantasmas” es un tipo que transmite una inquietud cultural desbordante y a la vez una fascinante atracción a lo “glam”. Un ecléctico en temáticas tan dispares que siempre sorprende. Espero que disfrutéis de este relato y de los que vengan si tenéis curiosidad siempre le podéis seguir en su blog en el que encontraréis recomendaciones, reflexiones, relatos...


Cable rojo

Cuando salíamos a cenar, cuando salíamos las dos solas, me fijaba en tu nariz. No es que me gustara, es que la consideraba como lo único perfecto que poseías. No tiene una forma griega, ni respingona, es afilada. La he admirado por envidia. Una de las razones por las que he permanecido junto a ti tantos años, es la esperanza de que tu nariz se estropeara. No es impertinente ni educada, tampoco es demasiado grande, como la mía. Al ser estrecha, parece que los agujeros han sido practicados a cuchilladas.

Dicen que hay tres partes del cuerpo que crecen a lo largo de la vida: la nariz, las orejas y el pelo. No paran de crecer incluso después de nuestra muerte. Pero tu nariz siempre ha sido perfecta, a través de los años. Del mismo tamaño y con la misma armonía.

Sé que yo soy la razón de tu sufrimiento.

Si me encontrara una lámpara que tuviera dentro un genio, le pediría que me dejara darte un descanso, un descanso de todo el dolor y las lágrimas que te agotan y que humedecen la colcha de tu cama, donde tampoco consigues reposar. Si se cumpliese mi deseo, me vestiría con aquel traje negro que me regalaste, el de los cuatro brillantitos, y te diría que te pusieras tu vestido rojo, ese que hace parecer que tienes el doble de pecho, ese que hace parecer que tienes el pecho el doble de bonito.

Saldríamos a cenar, nos miraría todo el mundo, por ir tan guapas. Toda la gente se fijaría en nuestras manos entrelazadas, de rojo y negro. Las dos, de rojo y negro, para romper, pero yo sabría inmediatamente que estarías bien, que al principio te afectaría, pero después, restablecida, seguirías presumiendo de tu nariz perfecta, porque ese es mi deseo, poder ayudarte a no sufrir. Esa noche, lo único que pediría al genio es ese deseo. Cuando llegara el camarero a tomar nota, en una de esas modernas pantallas con lápiz de plástico para dar golpecitos, no pediría por ti, solo por esa noche. Para no hacerte más desgraciada. Te vería guapa de nuevo y te miraría con ojos y labios húmedos. No me daría reparo tocarte el pelo y te lo apartaría con manos delicadas, para poder alabar tu pecho, sonrojado de la vergüenza. Todo rojo, tu pecho, tu rostro, tu vestido y mi copa de vino. Y una lámpara con una llama en el centro de la mesa, un geniecillo ardiendo que nos ilumina, al que he pedido este deseo.

Haría lo que fuera para que se cumpliera. Alejarte, por una noche, de los archivadores y las pantallas y los faxes que te mantienen atada, de los cables, negros y rojos también, alrededor de tu cuello. Desataría, por esa noche, esa última noche en la que mi deseo se cumple, los cables que sujetan tus muñecas.

Durante la cena en la que yo volvería a romper nuestra relación, hablaríamos de un maquillaje jugoso que disimulara nuestras arrugas, de antiguos novios que se han vuelto a casar y de ataques al corazón. Te diría que lo nuestro acaba aquí, pero no sería un ataque al corazón.

Esa noche, en lugar de suponer lo que te pasa, te lo preguntaría. Tú me dirías lo que sientes y lo que debería hacer yo al respecto.

Después, en el baño, compartiríamos la barra de labios sin sacarla del bolso.

Bromearíamos sobre alguna compañera de trabajo, merecedora de una lenta y agónica muerte, tanto por su mala gestión de los archivadores como por la de su fondo de armario. Al retocarme en el espejo, no me quejaría de lo rápido que se me ven y de cómo me clarean el pelo las canas.

Tal vez nos tomáramos una copa, después de romper. En algún otro sitio. Saldrías la primera de restaurante y yo te vería andar de nuevo, y agarraría tu mano y, por esa noche, daríamos un pequeño paseo. O uno más grande, para terminar rendidas en la colcha de tu cama, donde no derramarías ni una lágrima. Tu cama es nuestra cama.

Si tomáramos una copa, para celebrar con desahogo que lo hemos dejado, no intentaríamos ligar con chicas más jóvenes y seguiríamos despellejando a alguna amiga. Yo, esa noche, no hablaría por ti. No supondría nada, no daría nada por hecho, sino todo por hacer. Decidiría con calma y no dejaría que te desanimaras por mi exceso de entusiasmo. Mi deseo de esa noche sería no preguntarte si te pasa algo.
Daría lo que fuera por que el genio hiciera realidad ese deseo, ayudar a salvarte.

Se supone que me quedan otros dos deseos. Pero he dicho que esta noche no iba a suponer nada.

Así que deseo que estés sufriendo encima de la colcha de tu cama, mojándola con tus lágrimas. Que las ataduras de tus muñecas fueran cables de verdad en lugar de sangre roja como una copa de vino.

Mi último deseo sería saber como tienes la nariz ahora.

Ha sido un fin de semana muy duro y solo hay cabida para un pensamiento en mi cabeza: “q sueño!”

Mi intención es recrearme en ese pensamiento durante todo el lunes y no dejar que nadie lo estropee… Ya he hecho lo más difícil que tenía que hacer hoy, levantarme, pero al llegar a la oficina puntual como un reloj suizo, ya tengo 5 correos de este imbécil.

El problema no son los 5 correos, el problema no es ni siquiera el tono que utiliza, el problema no es que pensara dormitar hasta medio día… No, el problema es q es feo… es el tío más feo que he visto nunca, es desagradable de mirar. El problema es q es idiota y se empeña en parecer grande cuando solo mide 1,60. El problema es q los niños se reían de él en el colegio porque era un enano lleno de granos y aún no se ha dado cuenta de que deberían haberse reído mas si cabe…

Ya está, ha conseguido cambiar mis planes… En vez de dormir todo el día, ha conseguido enfadarme y no voy a tener mas remedio que matarle.

El jefecidio no es delito, y mucho menos en estas circunstancias en las que hay tantos atenuantes. El único delito es no haberlo hecho antes.

Lo más fácil es utilizar una pistola, si, pero de agua… Lo ato a la silla giratoria desde la que no le llegan los pies al suelo, y le pongo la pistola en la boca. Aprieto el gatillo una vez y otra, no es ensañamiento, forma parte del plan llenarle el estómago de agua hasta q le explote la vejiga o no tenga mas remedio q mearse encima. Sin embargo su incapacidad para controlar su uretra le salva la vida y no tengo mas remedio que recurrir al plan B.

Salgo al pasillo empujando la silla (el q inventó las sillas de oficina con ruedas era un sabio), junto a la escalera de incendios hay un hacha y un extintor. Durante un segundo dudo entre si utilizar los artículos que el departamento de prevención de riesgos laborales pone a mi disposición, o empujarlo escaleras abajo… Q tonta soy, no hay duda, si le empujara por las escaleras no sufriría suficiente, no tendrá la oportunidad de suplicar clemencia.

Y de nuevo la duda… el hacha mancha un montón, y todos sabéis que me da mucho asco la sangre, además hoy llevo mi vestido favorito… pero el extintor? A golpes o le meto el tubo por el culo y dejo q salga la espuma (aunque eso implicaría tener que verle el culo, puuuuaaaaggg!!)?

El adivina mis intenciones y grita pidiendo auxilio… en breve toda la oficina habrá acudido a la llamada y tengo q darme prisa…

De repente me acuerdo, llevo en el bolso un condón que compré en Ámsterdam, pensaba guardarlo de recuerdo, pero es una pérdida menor, ya tendré tiempo de volver a Ámsterdam a comprar más condones. Lo saco del paquetito y se lo meto por la cabeza… por un momento me rio pensando que es posible que el quepa entero dentro, pero ni siquiera vale para eso… Pronto se queda sin aire dentro del latex y deja de convulsionar…

El pasillo se ha llenado de compañeros que han oído los gritos, me miran en silencio, con cara de desconcierto, pero desde detrás comienza a oírse un murmullo, una palmada tímida, y luego más palmas que se convierten en vítores, son los hurras de mi público orgulloso, los agradecimientos de quien quería haberlo hecho pero no tuvo valor.

A través de nuestro correo alalunacontuscuentos@yahoo.es nos ha llegado una aportación de Misael que paso ahora mismo a copiar. Muchísimas gracias por tu cuento y espero que te animes a publicar alguno más. Un saludo.


Carta a Ella: un lugar común


Fue en los primeros días del mes de agosto. Te encontré en la parada del autobús, aunque también pude haberte hallado en algún pasillo del supermercado o en un sueño que se presenta a la madrugada del lunes. De tantos sitios comunes que existen, elegiste precisamente ese donde comienzan los sucesos que dibujan mi vida. Y es que los autobuses nunca me han parecido poca cosa; a los ocho años de edad abordé el primero en compañía de gente desconocida y me puso febril el temor a no alcanzar el timbre; hasta hoy he tenido sólo un empleo y se trató mayormente de estudiar los horarios de las rutas 25, 15 y 9 y me asaltaron un par de delincuentes cuando escogí recorrer la ciudad a pie. Sé que me estoy desviando del tema. El caso es que estabas junto a una farola descompuesta que por instantes se iluminaba a causa de tu presencia. A dos metros de mí estaba la mujer perfecta, y no hablo de mujeres que se publicitan en afiches o telenovelas, me refiero al tipo de aquellas que escribe el destino, que redacta la intuición de la naturaleza o qué sé yo. Eras así pese a que sólo te conocía el cabello liso, las piernas delgadas y la espalda cubierta con un abrigo negro. Luego descubrí que era tu primer día en la escuela preparatoria. Pasaron días, clases, reprimendas, fiestas, amistad y boletas de calificación, se pasó la adolescencia y seguíamos metidos en el transporte colectivo.

La comunicación no se trata de intercambiar, sin mínima intención, significados o cosas que signifiquen. Es necesario un lenguaje y sin embargo entre tú y yo existía un acto comunicativo tan estable como las matemáticas primarias, basado en silencio e imaginación. Nunca cruzamos palabras, pero yo te conté (en voz bajísima) historias acerca de mi último desayuno, el color del cielo y el pesimismo de la navidad. Verte se convirtió pronto en algo necesario. Llegaba puntual, seis de la mañana, a nuestra cita en el parabús. Robé el aromatizante para baño y lo rocié sobre mi piel por si inventabas un beso. También robé un libro del poeta Mario Benedetti con el que busqué aparentar "romanticismo" y "sensibilidad". Acepto que fui tramposo al acotar una distancia tan extensa y aún así enamorarme de ti (como leer reseñas de un libro o ver su adaptación cinematográfica, estudiar unos cuantos huesos del esqueleto e inventar lo demás). La última vez que coincidimos en el autobús el frío y la lluvia te obligaron a adoptar la "moda esquimal".

Ingresé a la universidad y cambié de ruta. Se vino la democracia, la demagogia, la depresión, los intentos de suicidio y a un hombre tonto se le ocurrió jugar a ser general y de repente, entre el mundo enviado al carajo y mis fracasos personales, despertó la falta de ti. Divulgué tu retrato a través de la radio universitaria, un periódico escolar y varios espacios de internet. Éxito de la empresa: nulo. Saldo: cito a Benedetti y te informo que "a veces no me siento tan solo.. si sé que más allá de mi soledad y de la tuya otra vez estás vos, aunque sea, preguntándote a solas qué vendrá después de la soledad". De vez en cuando vuelvo a elegir la ruta 19, pero retrasa mis destinos y no viajo más junto a ti.

Ayer descubrí un tesoro en otro lugar común y otra mujer perfecta. No sé cuál es su nombre y tampoco hemos conversado. La soñé a mitad de la madrugada. Acostada sobre el colchón, desnuda y frágil, escuchaba relámpagos y miraba cómo sus lágrimas golpeaban la ventana. Se trataba de llanto (de lluvia) tan furioso y triste como la última vez que compartimos el autobús.

Remitente:

Km. 8.5 Carretera a Matehuala

Antiguo camino de Golf. A. P. 84

Soledad de Graciano Sánchez, S. L. P.

Ella fue a la playa con unas amigas a pasar el fin de semana, porque si, porque era ya verano y en Madrid empezaba a hacer un calor insoportable. Me dijeron que fuera pero no pude porque estaba medio pachuca… constipada en verano, ¿a quién se le ocurre?, Mierda de aire acondicionado!!

La única misión de todas las amigas era pasarlo bien, pero ella quería además tomar suficiente sol para eliminar su blanco nuclear, porque el lunes tenía una cita con Esteban, y quería estar preciosa, quería que él sintiese, igual que ella pensaba de él, q estaban hechos el uno para el otro. Por eso cuando a las 6 de la mañana todavía estaban todas tomando copas ella empezó a impacientarse, quería irse a casa para aprovechar el día siguiente.

Le conoció en la puerta de entrada de “El Chiringuito” que en contra de lo que su nombre indicaba de chiringuito tenía bien poco, en honor a la verdad, por lo q me contaron y lo que vi en las fotos debía haberse llamado “El discotecón” pero bueno, no nos vamos a poner ahora a juzgar los nombres de los garitos playeros, Dios nos libre!!

El estaba en la despedida de soltero de su amigo Paco junto con no se muy bien cuantos chicos vestidos todos iguales con una camiseta azul con mensaje obsceno y de muy dudoso gusto. Así que cuando se acercó a ella, su primera reacción fue pensar “Vaya Capullo” y sinceramente creo q yo hubiera pensado lo mismo. De hecho yo creo q no le hubiera dado la oportunidad de decir una palabra porque yo siempre he sido un poquito borde y sobre todo si me quiero ir a dormir, pero ella resignada, sin llaves para irse a casa y sabiendo que aún quedaban un par de horas de fiesta, simplemente sonrió, pagó la entrada y se fue directa al baño. Cuando salió, en la puerta del baño él la estaba esperando.

Yo no estaba, solo me lo contaron, y os he contado con detalle el principio de esta historia tal y como se me relató a mi porque es lo más curioso de este cuento de hadas… todo lo demás… es lo q cabe esperar… q resultó que se cayeron bien y q terminaron viendo amanecer en la playa cogidos de la mano al más puro estilo peli romántica, q al día siguiente apenas pudieron despegar los labios y al terminar el fin de semana, el uno al norte y la otra al sur se fueron cada uno en un autobús… y mira, sin haberlo deseado, me ha salido un pareado…

En otra época, al volver a Madrid, ella habría acudido a su cita con Esteban y él… bueno, no se cuáles eran sus planes… el caso es q habrían seguido cada uno con su vida. Pero en la era de la tecnología, antes de que ella llegase a Madrid ya se habían cruzado 20 mensajes de móvil, y así continuaron durante días, y solo 3 meses después ella ya no concebía que él pudiera no formar parte de su vida. Todas nos acostumbramos a oír hablar de él pero salvo las que fueron a la playa, ninguna jamás le vimos la cara… y como siempre, desde fuera se ven las cosas más fáciles, no entendíamos q ella no viera q aquella relación no iba a ningún sitio.

Nunca supimos que pasó, nunca supimos como terminó, porque ella no quiso contárnoslo, solo sé que en el baño de la oficina, un día la vi llorar.

Érase una historia antigua, contada en las noches claras frente al fuego. Una historia contada de generación en generación en voz baja. Repetida y recordada pero prohibida. Una historia contada en secreto. Una historia de un héroe que lucho contra los ángeles que trataban de arrebatarle la libertad de pensar y ser diferente.

Los ángeles habían empezado a gobernar muchos años antes de que él naciera. Los ancianos cuentan con la voz dulcificada por el paso del tiempo, que los ángeles, poseídos por odios milenarios, capturaron las risas que coloreaban las caras de sus habitantes, que se volvieron grises y moribundas. Robaron las muestras de cariño entre las personas y lo único que podía escucharse en los hogares eran dañinos reproches. Decidieron alimentar la desesperanza y ya nadie confiaba en el futuro.

Cuenta la historia, que él se alzó contra esa tiranía. Busco en el fondo de los bosques dónde decían que se escondían los antiguos. Y tras superar muchas dificultades consiguió encontrarles.

Y estos le ofrecieron su ayuda porque sabían que su causa era justa. Y le llenaron de símbolos la piel para que le protegieran; y le ofrecieron sus armas hechas de sueños y templadas con el agua salina de sus lágrimas; y le forjaron un yelmo de la plata de la corona del más grande de los suyos y estaba coronado de un penacho de las alas de sus enemigos.

Y con los amuletos de su cuerpo, las armas hechas de ilusión y tristeza, y el yelmo con los símbolos de la amistad y del odio, se dirigió a dar muerte a los ángeles que habían esclavizado a su pueblo.

Y acompañado por el coraje de saberse vencedor, cabalgó sólo durante días atravesando bosques milenarios, desiertos abrasadores como su ímpetu, lagos profundos y misteriosos… y no se detuvo ni un solo instante.

La ilusión de los antiguos le servía de alimento y sus lágrimas calmaban su sed. La tristeza le ayudaba a aferrarse a todo aquello por lo que debía luchar. Los sueños se desplegaban ante sí como una puerta dorada que se abría hacia otras vidas anheladas. No tenía miedo porque comprendía que la confianza de los antiguos era verdadera y le conducían hacia adelante. Y con la fuerza del odio de los ángeles entró en la batalla que duró eternidades.

Derribó a cientos gracias al poder que los antiguos le habían otorgado, pero era superado ampliamente en número y “los alados” eran fuertes y poseían el poder de las armas y de las palabras. Sobrepasado por el enemigo, desapareció del campo de batalla y del mundo.

Los ángeles tras la batalla, borraron su nombre y prohibieron contar su historia. Pero aún, siglos después, su pueblo cuenta la historia del héroe sin nombre que se alzó contra los ángeles y fue derrotado. Y esperan, junto al fuego, su regreso para dar libertad a su pueblo.


Relatado por Mutsiwa y Huidobro

Ágora, como en las antiguas polis griegas trata de fortalecer la cultura de los individuos y en este caso ha elegido la luna como techo. Ella, periodista de corazón, es capaz de analizar las situaciones, luchando contra lo rutinario, viendo un sentido superior a las cosas plantando la semilla de la duda con sus preguntas, provocando el inconformismo mental. Gracias a sus viajes mezcla sus reflexiones con un crisol de paisajes de lugares y gentes mestizando sus experiencias con su propio ser. Gracias Ágora por participar en este cachito de luna que ya es también tuya.

Milhojas

Nicolás se descubre ante el espejo del tocador. Se palpa la cara y desliza los huesudos dedos por los surcos que han dejado en su piel los muchos viajes.

“Cuántos caminos – piensa- ¡Son tan profundos como los cañones que cavaban en la roca aquellos ríos! Millones de años tardan en dibujarlos, y mira yo…”. Se lleva la palma a la frente para sacudirse la ocurrencia. ”Y aquí delante, estas tres hendiduras. Parecen como cortes, precisos, de lado a lado, aunque yo nunca noté ni los cuchillos ni la sangre. Huyo, huyo, siempre huyo. Preferí huir. ¿Por qué matar...? No, no, pueden ser heridas, entonces, quizá mis pensamientos, mis dudas; seguro que ahí están todos los matices, unos y otros, prensados…”

Entrecierra los ojos escudriñándose en el espejo. “Y fíjate –se dice-, fíjate en estos abanicos que salen de los ojos. ¿Demasiado mirar? Con el calor que he pasado… ¡Y lo que habría agradecido a veces un poco de brisa y, mira ahora, están ahí estos dos abanicos!” -se ríe para sí. “¿O quizá son alas de mariposa? Ojalá se parecieran a las nervaduras de la mariposa monarca, que vive viajando siempre buscando un rayo de sol. Cuántas veces he volado tras ellas persiguiendo más luz.”

Con una mano, atrapa el aire. “Y, sí, me he quemado”.

Se ensimisma repasando sus manos, manchadas de muchos soles, y en esos dedos que ahora se quiebran como las ramas de un viejo olivo. “Pero yo ya no podré hacer aceite, ¿o sí…?”

Vuelve al espejo, donde se recortan las plantas de los pies, y le asalta entonces en el pecho un eco, el susurro de las voces que acaban de pasar por la habitación:

- "¿Tienes frío?”

- “No, Alba, hija, no los tapes, que no tengo frío, es igual, déjame así, estoy bien, estaré bien. Sonríe, mi amor. Haced lo que tengáis que hacer. Y, por favor, después dejadme solo, sólo un poquito solo...”

Y ahora levanta los ojos hacia el espejo, pero un vaho parece cubrirlo. Nota los párpados, temblorosos, cayendo livianos, como plumas desprendidas. “Ahora son un delicado milhojas – piensa. Me gustaba el de mi madre. ¿Lo habrá seguido preparando allí también?”

Hacía siglos que no se veían, hacía siglos que ni siquiera se acordaban el uno del otro.

Nunca había pasado nada malo, se habían querido con la pasión y la locura de los primeros meses y con la devoción y la ternura que da el cariño compartido de la convivencia, y un día sin mas se habían dado cuenta de que ya no quedaba ni siquiera la ceniza del fuego que había sido, ya solo había costumbre, y sin grandes aspavientos, sin abrir grandes heridas, sin mas… se habían apartado el uno del camino del otro.

Hacía siglos que no se veían, hacía siglos que ni siquiera se acordaban el uno del otro.

Cada uno había seguido con su día a día, con su trabajo, con sus nuevas casas, con sus nuevas rutinas, con los amigos que les habían tocado en el reparto de amigos posterior a la ruptura. Cada uno había sido feliz por separado y nunca se había arrepentido de la decisión que habían tomado. Al principio se veían, luego solo charlaban por teléfono de vez en cuando, un día simplemente desaparecieron.

Hacía siglos que no se veían, hacía siglos que ni siquiera se acordaban el uno del otro.

Ninguno de los dos habían rehecho su vida. Habían tenido relaciones… algunas solo rolletes, otras un poco mas serias, pero ninguno había vuelto a sentir lo q ya había sentido con el otro y no había querido conformarse.

Hacía siglos que no se veían, hacía siglos que ni siquiera se acordaban el uno del otro.

Esa mañana ella había ido a la peluquería porque tenía una fiesta por la noche y luego había quedado para comprar un regalo de cumpleaños. Mientras la peinaban, se acordó de él y de q ella había ido a la peluquería el día q se conocieron, de lo felices q habían sido juntos, se peguntó como le estaría yendo la vida, deseó que hubiera salido bien, o al menos haber tenido constancia suficiente para no dejarle desaparecer del todo, sintió que si le tuviera delante le daría un abrazo, quizá le besaría.

Esa mañana el se había levantado tarde, tenía una resaca terrible y el frigorífico vacio así que se puso unas gafas de sol y bajó al super antes de que cerraran a comprar una pizza congelada y un par de cervezas. En el ascensor, mientras bajaba se acordó de ella y de q con ella el frigorífico nunca estaba vacío, de lo felices q habían sido juntos, se peguntó como le estaría yendo la vida, deseó que hubiera salido bien, o al menos haber tenido constancia suficiente para no dejarla desaparecer del todo, sintió que si le tuviera delante le daría un abrazo, quizá le besaría.

Hacía siglos que no se veían.

En el paso de cebra, ese que casi no dura nada abierto que hay entre el Corte Inglés y Zara, de repente se abrió el semáforo y entre el gentío cargado con bolsas de rebajas ambos corrieron para no tener q pararse en medio. Casi se rozaron al cruzarse, ella recién peinada, él con gafas de sol.

Hacía siglos que no se veían, pasarían siglos antes que ni siquiera se acordaran el uno del otro.

Nuevamente un relato a dos manos Mutsiwa y Huidobro al ataquerrrrr...


Qué te voy a contar...

Fernando es el primero en abrir el bar. Viene tarareando la musiquilla de cabecera del programa que ha escuchado en la radio mientras desayunaba. Se saca el manojo de llaves del bolsillo de pantalón y abre con firmeza la puerta del bar vacio, pero al subir el escalón descubre que hay una extraña mancha de aceite y pegada a ella una nota escrita en una servilleta:

“Fernando, mira por favor detrás de la máquina del café. Pero hazlo antes de que lleguen los demás”. La letra era de Tomás, el encargado. "¡Qué majo Tomás siempre con las mismas!" Ni que él fuera el chico para todo… aunque en realidad sí que lo era. Desde que había empezado a trabajar en el bar había hecho de todo. Y de todo significa de todo.

"Pero esa mancha de aceite no la hace la máquina de café… vamos seguro que no la hace." Así que no duda en coger la bolsa con las cuatro herramientas que guardan en el bar y apaga los plomos para que no le salte nada al tocar el aparato.

Mueve ligeramente la máquina y con un ruidito de satisfacción comenta en alto y para sí mismo “Ya sabía yo que esta mancha no era de la máquina de café”, "pero ¿de dónde carajo sale…?" se pregunta mientras palpa una baldosa completamente repleta de aceite. “Joder, ¿y esto?” la baldosa se despega y Fernando ve un hueco del que chorrea el líquido viscoso.

"¿Pero por qué me mete Tomás siempre en estos marrones? Y ahora a ver qué hago yo cuando empiecen a entrar los clientes. A ver si con este trapo ahí bien encajado…”

Mientras se las ingenia para taponar el aceite, las baldosas contiguas comienzan a despegarse una a una y a salir despedidas contra la barra. Fernando se protege de ellas haciéndose una bola en el suelo de la barra. “Ostias que susto, esto será una broma del bueno de Tomás, algo se trae entre manos este cabrón” piensa Fernando mientras se incorpora una vez restablecida la calma.

Al mirar a la pared ve un agujero enorme, y dentro una especie de cámara de la que no tenía ni la menor idea de su existencia. El olor que sale de la cámara le recuerda a las catacumbas de las iglesias, aquello tenía pinta de haber llevado cerrado mucho tiempo.

“Esto es de coña, ¿pues no hay aceite por todas partes?” dice mientras asoma su cabeza por el gran boquete. En el fondo observa varios objetos esféricos… pero no hay luz suficiente para distinguirlos con claridad. Así que se acerca nuevamente a los plomos y los activa. Las luces van encendiéndose poco a poco iluminando parcialmente la sala recién descubierta.

Fernando vuelve a introducir la cabeza en el agujero. No se termina de ver bien. Introduce parte del cuerpo y finalmente el resto. Y allí en el medio de la sala ve como están depositados 5 enormes huevos de algún animal realmente grande. Uno de ellos está roto y puede apreciar como el contenido del huevo es lo que chorrea de las paredes. “¡¡Qué cojones!!” dice justo antes de escuchar un extraño gruñido que le pone la piel de gallina. Sin pensarlo ni un momento salta de nuevo por el agujero y una vez fuera agarra la máquina registradora para echar a correr salvando así los ahorros de Tomás.

“Y que te voy a contar. Eso es lo que paso, señora psicóloga, y así es como me encontró la policía. Sí, estaba corriendo y llevaba la maquina en brazos. Ya les dije que todo lo que les contaba era cierto y que nada más lejos de la realidad el intentar acceder al interior de la cafetería por un agujero en la pared. Y todavía menos el querer robar a Tomás la recaudación del último fin de semana.”

Haciendo un pequeño ejercicio literario hemos creado 3 historias a 3 manos que queremos compartir con vosotros. En la primera de ellas participamos Mutsiwa, Ada Madrina y un servidor. Y como suele ser habitual antes de pasar al relato me gustaría presentar a nuestra nueva aportadora lunática.
Ada Madrina es otra de las personas a las que he insistido hasta perder la voz para que participara. Y es que nuestra Ada Madrina tiene muy buena mano escribiendo y así lo avalan el par de premios ganados. Y bebe de fuentes diversas que tan pronto lee un novela costumbrista como lee a Neil Gaiman. Su enorme imaginación y su fuente inagotable de bromas y buen humor harán llegar a la luna una gran dosis de energía positiva y sonrisas a granel. Bienvenida a la luna Ada Madrina.


Día de niebla

El despertador sonó a las 7:15h. Con los ojos aún cerrados subí la persiana y descubrí que el cielo estaba gris, pero olía mucho a mar. Mientras atravesaba el pasillo camino de la ducha, una sensación me invadió: seguro que Ángel hoy no me llamaba.

Apenas unos segundos después sonaba un mensaje en el móvil. El mensaje era extraño. “Ayúdame. No te asustes. Hoy necesito de ti más de lo que crees.” Era Ángel. Me asusté. Qué clase mensaje macabro era este. El teléfono de nuevo. “No es un juego. Ve a la playa, cuando llegues mándame un mensaje”.

¿Qué coño estaba pasando? Estaba asustada. Nunca he sido muy valiente pero me decidí a hacerle caso. Me vestí y bajé a la playa. El mar, a pesar del mal tiempo y la niebla, estaba en calma. Decidí meterme a pasear por la orilla. Una vez allí escribí a Ángel donde estaba.

Sonó el teléfono otro mensaje “Cada vez estoy mejor gracias a ti, sube a la isla enjoyada que viene a recogerte” El mensaje me produjo sensaciones encontradas. Estaba contenta porque parecía que le estaba ayudando pero… ¿una isla iba a recogerme? ¿De qué iba todo esto? Escribí un mensaje “Ángel estoy asustada pero si te estoy ayudando seguiré con esto”

Mensaje enviado. El agua del mar me cubría las rodillas, el maldito mar Cantábrico siempre está tan frío, pero la extraña mezcla de felicidad y desasosiego que me invadía en ese momento anestesiaba los músculos de mi cuerpo y pude seguir avanzando con una decisión que años más tarde todavía sigue sorprendiéndome. El verde y el amarillo de la barca eran cada vez más nítidos hasta que pude incluso leer su nombre: “la isla esmeralda”.

No dudé en montarme en ella. “¿Dónde vamos?” Le pregunté al barquero. El barquero me hizo un gesto para que guardara silencio. Continuaba habiendo niebla y apenas se veía la línea de la costa. Sabía que la isla de Santa Clara estaba enfrente pero no se veía absolutamente nada.

Un nuevo mensaje en el móvil. “Bajo el banco de la barca tienes algo cógelo”. Alargué la mano bajo el asiento en el que me encontraba y noté un pequeño paquete. Lo abrí en él habían una cajita y una carta.

La letra era de él. Comencé a leer. Las lágrimas pronto me impidieron continuar y tuve que esperar unos minutos antes de terminar la carta. Ángel con el que llevaba compartiendo mis sueños durante los últimos años, se estaba despidiendo de mí.
En la carta me contaba lo mucho que me quería, lo mucho que hubiese deseado vivir toda la vida conmigo… pero algo le estaba comiendo por dentro y no le quedaba mucho de vida. No quería que yo le viera sufrir. Quería que le recordase como nos conocimos. Me recordaba como lo hicimos, yo sentada en un banco en el paseo marítimo y el acercándose a remo con una trainera. Me recordaba cada instante en el que había sido feliz con él. “Y ahora amor, abre la caja” Al abrirla descubrí un anillo, sencillo, precioso. “Quiero que lo guardes porqué con él me hubiese gustado pedirte que te casaras conmigo” la congoja me estaba ahogando y sólo podía sollozar.

Sonó un mensaje” Estoy junto al banco en el que te vi la primera vez. Te amaré, te amaré por siempre.” Miré a la costa, allí estaba Ángel. Mientras le miraba cogí la carta y la rasgué. La tiré al mar.

Ángel se sentó en el banco del paseo marítimo. Por fin la niebla había subido y dejaba ver casi con trasparencia la isla de Santa Clara. Aún quedaban algunos bañistas en la playa de la Concha, pero ninguno se atrevía a bañarse.

Miré de nuevo el mensaje del móvil. Lo leí una vez. Dos veces. Tres veces. Después lo borré.

El 27 de Agosto era el cumpleaños de Ana, Bea lo sabía y no lo olvidaría nunca porque no dejaba de resultarle curioso que Ana y su hermano mellizo hubieran nacido en días distintos por un capricho del destino que hizo que la diferencia de 5 minutos que hay entre el nacimiento de dos mellizos se diera precisamente al pasar las 12 de la noche. No lo olvidaría nunca porque a ella no se le olvidaban ese tipo de detalles.

El 27 de Agosto era el cumpleaños de Ana pero desde el incidente del examen de Literatura, la relación entre ellas se había ido haciendo cada vez mas gélida y ahora apenas hablaban. Bea sabía que si Ana, que en aquel entonces publicaba a los cuatro vientos lo amigas que eran, le hubiera dejado los apuntes a tiempo en vez de guardarlos para ella, no hubiera tenido que presentarse en Septiembre y habría podido ir a Ibiza en verano y quizá habría sido ella y no Ana quien habría conocido a Joaquín.

Joaquín era guapísimo y superdivertido, cada vez que Bea le miraba veía al que ella hubiera querido que fuera el hombre de su vida… incluso tocaba la guitarra!! Bea no podía dejar de pensar que si ella hubiera ido a Ibiza, si no hubiera tenido que estudiar literatura para Septiembre, si hubiera recibido los apuntes de literatura a tiempo, Joaquín sería su novio, al fin y al cabo, a ella le quedaba el bikini mucho mejor que a Ana, al fin y al cabo, Joaquín ni siquiera era tan feliz al lado de Ana, ella no sabía hacerle feliz.

Bea lo sabía, y sus sospechas se habían confirmado cuando Ana y Joaquín habían terminado su relación en una estrepitosa bronca en la que los dos habían dicho y hecho cosas muy feas que sin embargo, en el fondo ninguno de los dos sentía. Mucho tiempo antes de que eso pasara Bea ya había decidido que si algún día Ana y Joaquín lo dejaban, ella se pondría del lado de Joaquín porque si, porque Ana no le había dejado los apuntes de literatura a tiempo para el examen porque desde entonces la relación entre ellas se había ido haciendo cada vez más gélida.

El 27 de Agosto era el cumpleaños de Ana y Bea no tenía intención de llamarla porque no tenía nada que decirle porque “Felicidades” no es algo que deba decirse a la ligera, porque esa palabra implica que le deseas a alguien que sea feliz y Bea no deseaba que Ana fuese feliz.

El 27 de Agosto, Bea se acordó de Ana, no sabía si antes o después se arrepentiría de lo que iba a hacer pero cogió el móvil y buscó un teléfono que tenía en la agenda y que no se había decidido a borrar por si acaso aunque hacía mucho q no lo utilizaba. Pensó en si a Ana le gustaría aquel regalo que había pensado para ella: “Joaquín? Soy Bea ¿Te acuerdas de mi?”

Aquella misma noche Bea cerraba los ojos mientras todo su cuerpo se estremecía con el orgasmo que Joaquín le provocaba al eyacular dentro de ella. Había pensado en dedicar aquel orgasmo a Ana en el día de su cumpleaños, pero no lo hizo, se lo dedicó a si misma porque no, Ana no se merecía siquiera aquel regalo.

Mutsiwa se ha hecho de rogar durante meses. He debido insistir en multiples ocariones para que nuestra segunda escritora de la Luna, se animase a contarle algún relato. Y es que Mutsiwa ha tenido la gran suerte de ver, conocer y experimentar tantas situaciones en tantos lugares que todo lo que mezcla en su interior puede llegar a ser mágico. La simple idea de esta serie de relatos (Pequeñas historias encontradas) que comenzó a escribir es algo precioso en si mismo. De cada objeto que encuentra en la calle nos relata su historia. Espero que este sea el principio de una larga relación con la Luna y que le cuente como son esas vidas que ha rozado alrededor del mundo.

El alfiler de boda

Se cayó del vestido rojo de seda que llevaba Sara el día de la boda de su mejor amiga Silvia. Llovía, aunque era un día de primavera y los tacones se le resbalaban en la acera mojada de la calle del Pez. La panadera del número siete aún se pregunta por qué Sara corría tanto y con tanta urgencia. La ceremonia estaba a la mitad, el chal turquesa y rojo seguía doblado y tendido en el respaldo del tercer banco de la iglesia. Nadie salió corriendo detrás de ella.

Hoy tenemos la suerte de poder colgar un relato nuevo escrito por la primera colaboradora de la Luna :) Amanda. No acostumbra a escribir relatos, dice ella, pero los escritos que deja en Amandita hija no nos dejan duda que sabe traspasar al papel/pantalla emociones, sentimientos, reflexiones y situaciones. Una visión que te acerca los pies al suelo y que te hacen mirar las cosas con una mezcla de ingenuidad y a la vez mucha razón y experiencia. Sin más espero que os guste y que Amanda vuelva a escribir pronto en la Luna.

Vaqueros

María es una chica normal, tan normal como la vida misma, trabaja, sale de copas con sus amigos, se ríe, escucha música, a veces se emborracha, a veces conoce chicos que le gustan, a veces se duerme sola llorando porque se acuerda de aquella relación q no salió bien aunque ella le puso mucho empeño.

José es un chico muy normal, tan normal como la vida misma, trabaja, sale de copas con sus amigos, se ríe, escucha música, a veces se emborracha, a veces conoce chicas que le gustan, no llora porque los chicos normales no lo hacen, pero si se acuerda de aquella relación que no salió bien aunque él puso mucho empeño.

María y José se conocen desde hace años, se conocieron en un la fiesta de cumpleaños de un amigo común en la que se pasaron la noche charlando hasta que ambos decidieron terminar la velada en la cama de él. Cuando ella se puso el vaquero ambos sabían que habría muchas mas personas en la vida de ambos, q ninguno de los dos había encontrado a su alma gemela pero a la vez ambos sabían que aquella no sería la última vez que el desabrocharía ese vaquero.

Hace meses desde que José conoció a Natalia, y algo mas desde que María conoció Luis, y desde entonces María y José fueron dejando que el tiempo redujera sus quedadas a tomar café, sus mails desde el curro preguntando “¿Q tal el fin de semana?” q mantenían viva su relación. Hace meses que María y José se dejaron caer mutuamente de su ranking de “pendientes para hoy”.

María es feliz con Luis, le quiere tanto que ya nunca se acuesta llorando porque se acuerda de aquella relación que no salió bien aunque ella le puso mucho empeño en su lugar se ha dedicado a pensar que quiere que su primer hijo con Luis se llame Javi igual que su padre.

José es feliz con Natalia, la quiere y sabe que ella quiere casarse así que ha ido a una joyería que le ha recomendado un compañero de curro a comprar un anillo con una piedra enorme y tiene pensado ir de viaje a París para pedirle debajo de la Torre Eiffel que se case con él.

María y José se encuentran una tarde a la salida del trabajo, ambos saben que quien tienen enfrente no es su alma gemela, pero también ambos saben q esa no va a ser la última vez que él desabroche esos vaqueros.

Sentado en la orilla del sendero, esperaba pacientemente. La mano derecha golpeando rítmicamente sobre la piedra contra la que se hallaba apoyado, la izquierda sujetando el cuchillo. A veces levantaba la mirada hacia la techumbre de ramas y vegetación, pero todo permanecía igual, salvo alguna hoja aislada que de vez en cuando descendía lentamente hasta el suelo. El sonido de un arroyo próximo continuaba acariciándole los oídos como llevaba haciendo ininterrumpidamente todos aquellos días; ya ni recordaba cómo fue el primero. Una figura apareció en el camino, apenas entrevista entre la espesura. Se levantó de un salto, cambió el cuchillo de mano y salió de detrás de los árboles, sin dejar de vigilarla. Sin embargo, antes de que volviera a tenerla a la vista, ya anticipó el resultado. Sus músculos se relajaron, el cuchillo volvió al cinto, cerró los ojos y centró su atención en el sonido del arroyo. La anciana pasó a uno metros de él. Llevaba con esfuerzo un cántaro y le miró suspicazmente durante un segundo. Se perdió tras los árboles. El hombre volvió arrastrando los pies, suspirando con resignación. Se recostó y empezó a juguetear con el cuchillo y a tamborilear con los dedos sobre la piedra. Esperaba pacientemente.


Los cuernos habían sonado, no una ni dos veces, sino tres. En su tienda nadie podía creerlo, pronto se alzó un alborozo por todo el campamento. Él y sus compañeros de tienda, arqueros todos de la Torre Sombría, salieron uniformados con su armamento. Fuera la tempestad de nieve apenas permitía ver unos metros más allá, pero sabía muy bien lo que la tercera señal del cuerno quería decir "los caminantes blancos del bosque estaban próximos". No podía creerlo, después de miles de años volvían a aparecer.

Blane, que tras la desaparición de Qhorin Mediamano se había hecho con el mando de los hombres de la Torre Sombría, ordenó que todos los arqueros marcharán al cinturón exterior por orden del propio Jeor Mormont. Allí esperaron con apenas visibilidad y fue entonces cuando empezó a atisbar una especie de formas blancas que parecían surgir de entre la nieve a muy pocos metros. Blane ordenó disparar y todos lanzaron una lluvia de flechas. Su disparo había alcanzado certeramente a una de las formas blancas, rápidamente algunos hermanos lanzaron gritos de júbilo que fueron pronto acallados cuando los Otros no frenaron su marcha.
- No se detienen mi señor -le dijo a Blane.
- ¡Vienen más!, ¡allí mirad entre los árboles! -gritó otro compañero a su lado.
- Los dioses se apiaden de nosotros, ¡los tenemos encima!

Rápidamente una voz atronadora gritó una orden - ¡Flechas de fuego! -se trataba de Lord Comandante, todos obedecieron y encendieron las antorchas de brea con las hogueras del campamento. La nueva ráfaga si pareció hacer daño a los Otros, retrocedieron cuando las flechas se clavaron en su primera línea y algunos de esos infernales espectros comenzaron a arder. -¡Arded, cabrones muertos, arded! -gritó Dywen entre unas nerviosas risas. Pero pronto observo que eran muchos más los que volvían al ataque - ¡Se siguen acercando! gritó de inmediato. Al otro lado Ser Mallador ordenó coger las lanzas pues resultaba claro que el campamento sería tomado y el cuerpo a cuerpo inevitable. Sin embargo Blane le ordenó aguantar. En esos momentos apareció el viejo ser Ottyn Withers, uno de los caballeros más veteranos de la Guardia, con un arco y un carcaj lleno de flechas.

- Pensaba que los ancianos estarían durmiendo todavía -dijo Blane al viejo con una sonrisa de complicidad
- Lord comandante me ordenó venir a primera línea para ensañar a los novatos -respondió mientras le devolvía la sonrisa con su marcado rostro.

Nuevamente se vieron todos lanzando más ráfagas de flechas y por cada caminante que derribaban surgían dos más; en esos instantes uno de los lados de la empalizada comenzó a ser rebasado y el ruido del metal empezó a sonar.

- ¡Más flechas, más flechas! -gritaba Blane
- ¡Joder es enorme! -gritó otro compañero
- Un gigante -pareció responder Ottyn
- Es un oso -afirmo él. Se trataba de un oso espectral victima sin duda de la indiscriminada ferocidad de los Otros.

Capítulo 2

La ambición es como un virus que infecta nuestras células y del que no somos conscientes hasta que hemos sido devorados por completo



James Taller era un hombre sin preocupaciones desde hacia ya mas de 5 años, sumido en un estado seminarcótico, semipresciente, tenía todo lo que había deseado en su vida. Tubos de neón de distintos colores y formas adornaban y daban luz a un entorno rodeado de todos los lujos que siempre había deseado, pulsó de nuevo el botón y una sensación de tranquilidad y viaje hizo que su cerebro se acomodara en su cráneo o al menos eso le pareció. Se dejo llevar y evito pensamientos desagradables que venían cada vez con más frecuencia, los cuales le habían llevado a aumentar la dosis necesaria para su disfrute diario. Se concentro en lo que había bautizado como su televisión privada, una serie de imágenes a veces inconexas que la droga hacia surgir en su quemado lóbulo frontal. Había comprobado años antes la veracidad de alguna de estas imágenes lo que le había postrado a este estado narcótico auto provocado. Ahora era un experto en apuestas, desde multitud de cuentas apostaba online, lo que le dejaba una suculenta cantidad de dinero a fin de semana. Su vida se había reducido a la contemplación y las apuestas para mantener este estado contemplativo.

Hoy sin embargo no vagaba por diversión, era 15 de Noviembre y había cosas que hacer.

Lo único necesario para mover el universo según un antiguo filosofo era encontrar un punto de apoyo y usar la palanca apropiada. Ahora sentía que él era esa palanca y que debía encontrar su punto de apoyo para provocar el cambio, aun no sabia donde ni que buscar pero sabia que era cuestión de tiempo. Había algo dentro de el que se lo decía. Fuera en una soleada y fría mañana un grupo de palomas que volaban cercanas se aproximaron hacia la ventana ruidosamente mientras parecían huir de manera desesperada de un invisible predador. Chocaron con un ruido sordo contra la ventana blindada mientras dentro James seguía absorto en sus propias visiones ajeno de lo que ocurría a su alrededor. Solo unas leves manchas en el cristal autolimpiable quedaban ya del percance con las palomas, abajo los cuerpos inmóviles de 11 palomas daban una macabra vista de la entrada de la casa,

El viento arreciaba con fuerza contra la ventana, mientras que la nieve se iba acumulando en las esquinas. Desde el otro lado, en la seguridad de la habitación, ella miraba el camino que se perdía en el bosque.

Llevaba un grueso jersei de lana y una bufanda que practicamente le cubría hasta los ojos. Su pelo, color de la paja de Septiembre, estaba enmarañado y enredado.

Un ligero vapor surgía de la taza que sostenía entre sus manos cubiertas también por unos gruesos guantes. De sus manos sólo asomaban la punta de los dedos a través de unos gastados agujeros en la vieja lana.

Miraba el camino ahora casi cubierto del blanco manto. Dió un corto sorbo al contenido de la taza y recordó como él había girado su rostro antes de perderse entre los primeros árboles.

La ventana apenas le dejaba ver un pequeño fragmento de bosque. El viento continuaba soplando, acumulando la nieve contra el cristal.

Con la inseguridad de quien lo hace por primera vez, así miraba él la multitud de pantallas y carteles con las salidas de los trenes. Llevaba recorrida Europa en ferrocarril, avión, coche, barco,… y sin embargo estaba intranquilo de perder el viaje. Se ponía nervioso de no llegar a tiempo, de que hubiesen salido ya, de confundirse y meterse en el vagón que no es, nervioso de perder su billete, de meterlo en otro pantalón, incluso, de que se lo llevase el viento. No importaba el número de aviones, autobuses, barcos que hubiese cogido anteriormente. Siempre que iba a verla, allí estaban los nervios y la inseguridad de quién lo hace por primera vez.

Un nuevo aportador ha querido colgar su cuento en la luna. Manji es un amigo de los años del "Negro" aquel Colegio Mayor del que disfruté durante un par de años. Manji siempre ha demostrado una creatividad, imaginación y una capacidad para improvisar increíbles... No sólo se atreve con la prosa sino que escribe letras para el grupo en el que canta. Espero que disfrutéis de las diferentes entregas de estos capítulos llenos de intriga.


Introducción

Tras horas dándole vueltas al asunto cada vez tenía menos cosas claras, encendió otro cigarro que se quedó en el cenicero esperando a ser fumado como un pasajero en el andén de un tren que nunca llega.

Revisó sus notas, tenía que haber algún error en todo esto, de nuevo la tensión empezó a aflorar en sus manos que como bailarinas se movían en un silencioso son. En unas horas amanecería y todo habría terminado, se sentía tan cerca y cada vez más lejos de lo que se había sentido nunca. Tomó otro sorbo de te frío mientras el débil sollozar de un bebe se colaba por el hueco de la ventilación. Tomo una decisión, no quería esperar hasta el alba, su cometido estaba hecho así que se dirigió hacia el bote que tantas veces había evitado y con un largo dulce sorbo , con un toque amargo al final hizo que terminase todo.


Capitulo 1

La soledad solo es un estado mental
Provocado por un cúmulo de fallidas relaciones sociales.



George se removía inquieto en la cama, brillantes gotas de sudor perlaban su rostro, mientras el trasiego de personas a su alrededor generaba una ligera corriente que erizaba su vello mas invisible. De repente un chispazo y todo volvió a la realidad, estaba en la cama solo. Abotargado se dirigió al modulo de higiene personal donde eliminó las transpiraciones nocivas de su cuerpo, encendió las luces y una serie de crujidos y zumbidos parecieron salir de todos lados como un reclamo mecánico de la vida.

Tras 5 años de aislamiento total, nunca se había sentido solo, una ligera sensación de incomodidad suplida rápidamente por la ebullición interior de ideas y conceptos. Ese terreno interno de pruebas donde no había fin ni principio sino solo una tremenda sensación de libertad y paz. Un campo de prácticas donde esbozar sus impresiones del universo a un nivel de concentración que ningún humano podía siquiera llegar a imaginar. No es que George no fuera humano, simplemente era distinto. De nada le habían valido nunca las vacías relaciones interpersonales, sino de distracción y de pérdida de concentración en sus quehaceres internos y mucho más primordiales.

Había ido a ver a expertos en su juventud, uno tras otro no supieron ver su brillantez y poco a poco fue relegado a esta exclusión social en que se encontraba ahora. El en parte había provocado esta separación pues las continuadas interferencias personales solo le turbaban y le provocaban una sensación de mareo y pérdida de lo realizado hasta entonces. Mas tarde llego ese otro experto, que no le interrumpió mas, solo lo miró y deambulo de un lado a otro durante largo tiempo como un fantasma silencioso. Hasta que un día desapareció, a él lo metió en el modulo y nadie volvió a molestarlo.

Se podía decir que era feliz dentro de lo que esta subjetiva y amplia palabra quería significar para cada individuo, pero últimamente algo había cambiado dentro de el. Se sentía inquieto y nervioso. Pensando haber olvidado algo en su monótona realidad aun sabiendo que en esta, la exterior, siempre era todo igual. Se volvió a tumbar en la cama y volvió a su campo de practicas mental donde quedaban tantas cosas por hacer.

Las 5.15… maldito despertador. Como siempre. Me acerco al baño y mecánicamente sin apenas abrir los ojos me preparo.

Aún sin terminar de vestirme llego a la cocina, abro los insaboros mueslis y los rocío con ese subproducto de leche que anuncian tanto en los medios. Joder… lo único que tiene de parecido con la leche real es el color blanco. ¿Por qué la seguiré comprando?

Conecto las holonews mientras desayuno. Es poco gratificante pensar que este puede ser el mejor momento del día, así que trato de evitar ese pensamiento. Intento alargar ese tiempo comiendo el muesli con la cucharilla más pequeña que encuentro. Mientras miro las noticias, espero que el reloj interno marque las 6 de la mañana. Al llegar la hora doblo la pantalla y la guardo en el bolsillo del traje, tal vez tenga tiempo para echar un vistazo más tarde. Recojo la mesa de la cocina, a Olaie no le gusta verla “empantanada” cuando se levanta.

La verdad es que incluso mejor que ese momento de noticias y estar sólo conmigo mismo, puede ser mirar a mi mujer mientras duerme, pienso mientras subo las escaleras para ir al dormitorio. Efectivamente… es incluso mejor que el desayuno. Una sabana y mi mujer bajo ella. Preciosa. ¿Y si me meto en la cama de nuevo? Mierda… las 6.10. La toco en el hombro y susurro “Buenos días preciosa es hora de levantarse”. Sin abrir los ojos me sonríe. Que sonrisa… desde hace cinco años me regala esa sonrisa que me alegra el resto del día.

No puedo esperar a que se levante. La beso y me voy. Ella tiene suerte, trabaja en los niveles superiores de la fábrica y no tiene que levantarse tan temprano como yo. Y ahora, ¿dónde tengo la ID?... menos mal que siempre la guarda ella junto al mueble de la puerta.

No me termino de acostumbrar, es abrir la puerta y me da una sensación muy extraña ver como la ciudad se extiende. Nuestra casa está en la ladera de una de las colinas cercanas al centro. De lo que me sigo asombrando es que el centro sea una fábrica. No una fábrica cualquiera sino "La Fábrica", oficialmente "Development and Research Oxigene" (D.R.O.) que nosotros llamamos cariñosamente "La compañía". Allí es precisamente donde trabajo; bueno yo y la gran mayoría de vecinos. Toda la ciudad ha crecido a su alrededor. Un montón de edificios de viviendas de baja altura rodeados de jardines se extienden por todo el paisaje que abarca mi vista. La imagen es espectacular pero no tengo tiempo...

Me introduzco en las cabinas del deslizotubo que a estas horas está repleto de ejecutivos de "La Compañía". Vaya, un sitio libre para sentarme, esto sí que es una sorpresa. Aún me quedan unos minutos antes de llegar, así que saco nuevamente las holonews y termino de leer el artículo sobre el empresario asesinado la semana pasada. Como siempre, no hay nada más que malas noticias. Al terminar el artículo, la pantalla se ilumina mostrando otra noticia de interés.

Un nuevo incidente en las plantas de "la compañía". Últimamente se habían producido unos cuantos accidentes en los departamentos de investigación de otras instalaciones. En la noticia comentan que se produjeron unos altos niveles de dióxido que no pudo ser filtrado, produciendo grandes concentraciones de gas. A pesar de las medidas de seguridad, este gas se mezcló con los que producimos para la alimentación y reorganización de las zonas de “neovegeplacton” y habían producido una reacción y una explosión que había dañado todo el departamento. En el accidente habían fallecido tres trabajadores de la sección y otra decena sufría graves intoxicaciones. Esto me preocupa ya que precisamente mi función en la fábrica es la de distribuir este gas de alimentación por el área. Continúo leyendo en la noticia que se desconoce como se ha producido la sobrecarga de dióxido y que las investigaciones hacían sospechar de… vaya he llegado a mi destino.

Salgo del deslizotubo y me dirjo hacia las puertas de "la compañía". Aún me produce respeto mirar el gigantesco edificio. Parece que a pesar del número de veces que he entrado en él, uno no termina de acostumbrarse por completo. Algo tan enorme no debería mantenerse en pie. Y peor aún es pararse en pensar en las dimensiones; algo más de cien metros de altura y una planta cuadrada de cuatrocientos metros de lado. Por supuesto todo el revestimiento exterior es de cristal importante para que todas las plantas reciban la luz suficiente para que la vegetación pueda hacer su fotosíntesis… el interior también estaba repleto de espejos que dirigen la luz a aquellos lugares que se necesitan. El sistema es muy ingenioso y es realmente llamativo. Los pisos superiores albergan bosques enteros de árboles gigantescos, aunque eso lo sé por los cursillos de aprendizaje ya que sólo dejan pasar a personal especializado en esas secciones. Desconozco si han tratado geneticamente esas secciones o si las utilizan para lo mismo que el "neovegeplacton". Según Olaie debían existir auténticas selvas en esas alturas. Y es que D.R.O. se dedicaba al desarrollo y la investigación de nuevos métodos de obtención de oxígeno, filtros vegetales, nuevas desarrollos genéticos de plantas... tenía secciones enteras dedicadas a la investigación genética vegetal.

Mi trabajo en realidad se encuentra a muchos metros por debajo de esos vergeles, en los sotanos de la fábrica. Y es precisamente allí donde el gobierno había puesto las mayores esperanzas, para que la vida en la tierra continuara tal como nosotros la conocemos. Habíamos producido en masa, unas especies vegetales de placton, que modificamos geneticamente para que produjeran cien veces más de oxigeno que lo que hacían antes. De este modo cotrarrestábamos los diferentes agentes contaminantes de otras fábricas. Es decir que nos encargamos del filtrado contaminate produciendo nuestro producto estrella, Oxígeno. Algo que el gobierno paga a precio de oro. Y mi función no es otra que alimentar esos enormes cultivos y a ello encomiendo las seis horas de trabajo que dura la jornada que ahora mismo comienzo.

Ya llego justo de tiempo así que acelero el paso hacia los ascensores. Me introduzco en ellos y espero a que la carga esté completa, vainte personas nada menos. Todos descendemos a la zona de cultivo. Entro en los cambiadores. Abro mi taquilla y termino de ponerme el mono de trabajo con el tubo de alimentación. Una vez equipado sólo queda pasar por la zona de descontaminación. Saludo a Til que es el encargado de los sistemas de seguridad. Un hombre muy simpático si terminas de coger su ácido humor.

Abro el sistema de distribución. En esta sección tan solo trabajo yo. El resto de compañeros están separados en otros pequeños habitáculos similares al que me encuentro. Desde aquí repartimos la alimentación para el plancton. El sistema de distribución se marca en verde como operativo. Tecleo el código de análisis. Los filtros tienen que analizar los contenidos óptimos de sustancias antes de poder ser liberados. Espero unos segundos mientras todo va marcando con una luz verde aquellos que están comprobados. La puerta de seguridad da el pitido de apertura y comienza a deslizarse para dejarme vía libre. Ahora simplemente debo acercar los tubos de alimentación a los tanques de plancton y vaciarlos distribuyendo el contenido de manera homogénea… ¿y ese ruido?

Calor… sólo noto calor… hay un resplandor blanco… no veo nada… me ahogo… más calor… no puedo respirar… algo me atrapa… noto como me arrastra al interior de la planta… me arde el pecho…me escuecen los ojos… trato de llevar mis manos a mis ojos pero soy incapaz… noto como se desprenden trozos de mi traje de protección... me están azotando los hombros y el pecho... me sacuden unas ardientes lenguas… trato de gritar… de tomar aire nuevamente… ¿qué es esto? Algo se introduce en mi boca... es gelatinoso... trato de escupir… no puedo… necesito respirar… eso se cuela en mi garganta. Duele. Duele tanto…

-Lu,... Lu... ¿cómo te encuentras? ¿puedes oírme? Mueve la mano si puedes hacerlo… perfecto. Hubo un accidente en tu área de alimentación. Una explosión que te ha dejado quemaduras en hombros y pecho y una abrasión importante en boca y garganta. No te esfuerces en hablar de momento. Ahora mismo te encuentras en la sección de cuidados intensivos de "la compañía". No te preocupes te recuperarás. Olaie está esperando para pasar a verte. No te ha dejado desde el accidente. Ahora la digo que pase, pero trata de descansar.

No Olaie no… que me está pasando… te oigo… pero te siento de una manera distinta... ¿Qué me está pasando?... ¿Qué es esto?... ¿Qué es?... ¿Qué eres?... está aquí… ¿No lo veis?... No hagáis pasar a Olaie... Olaie no. Suéltame... maldita sea… suéltame… Ayudadme... por favor ayudadme... ¿No me oís?... no me tapes los ojos... maldita sea... joder los ojos no. Olaie... no entres no… Sal de aquí Olaie, no entres por favor, no entres… sal de mi cabeza. Sal de mi cabeza... No le hagas daño… por favor no le hagas daño…

- Hola amor. Ya estoy aquí. Estaba muy preocupada.

- Hola preciosa. Ya estamos despiertos.

Pasó la mano suavemente por su cara y rozó ligeramente sus labios con la yema de sus dedos... se miraron fijamente, como queriendo besarse en el alma... y lentamente recorrieron la distancia que separaba sus labios. Recorrió con la mano su espalda desnuda, concentrándose en cada curva de su cuerpo, amando cada uno de los centímetros de su piel y comenzaron a hacer el amor con delicadeza, con un cariño infinito, sintiéndose felices por el mero hecho de estar juntos... de que sus cuerpos estuvieran en contacto. Se abandonaron en aquel sentimiento de amor puro...

Y allí estaban los dos, uno frente a otro, sentados en una mesa de un bar cualquiera, hablando y riendo, compartiendo sus secretos y sus ilusiones... compartiendo un pedacito de vida... y seguían besándose y acariciándose... sin tocarse, pero seguían haciendo el amor... y cualquiera que observara detenidamente podría darse cuenta de que aquellas dos personas no estaban tomando un café sentados sin más... estaban regalándose un sinfín de caricias y abrazos... sin tocarse, pues jamás lo habían hecho... y era muy probable que nunca lo hicieran; Eran amigos... y es esa la forma que tienen los amigos de entregarse su amor...